9 de noviembre de 2009

Un instante.


Ahí están. Frescas. Resguardadas del sol pero filtradas por él. Por cada rendija de esa persiana se cuela un aíre cálido y suave que ellas reciben agradecidas.

Su olor es fresco. Huelen a jabón de masella. Han sido acariciadas por la plancha hace unos momentos. Ahora están ahí terminando de secarse y airearse.

¿Qué vemos? Dos camisas ¿nada más?. ¿Qué percibimos? Una curiosa instantánea ¿nada más?. ¿Qué oímos?. El silencio de la habitación y del momento ¿ Nada más?.

Vamos a aguzar la vista y el oído. Vamos a curiosear en este instante. Vamos a ser cotillas en esta ocasión y vamos a tratar de enterarnos de las vidas ajenas.

Estas camisas están hablando. Se hablan entre sí. Bajito, casi en susurro. Se cuentan cosas íntimas. Añoran otros momentos. Comparten sus recuerdos.

La que vemos a la derecha de la imagen es la más mayor y dice: “…sí, el paso del tiempo se nota ¡ya lo creo!, mira que he estado bien cuidada pero si te fijas bien, las arrugas se quedan con mayor intensidad fijadas, la plancha ya no puede con ellas. Se borran en un instante pero al segundo vuelven a aparecer.¡ y eso no es lo peor! ¡mira cómo tengo el cuello de desgastado! ¡cuatro lavadas más como mucho y a la basura!.

La que está situada a la izquierda, una temporada o dos más joven, la consuela “”bah,bah, no seas tan pesimista. Seguro que terminamos esta vida juntas. Cierto que llegaste al armario unos meses antes que yo, pero estoy convencida de que llegaremos a un mismo fin y temporada juntas. ¡ no seas tan maniática que ni tienes tantas arrugas, ni estás tan desgastada! ¡ nadie te pondría más años que a mí!. ¡te confeccionaron bien, con calidad y te han y te has cuidado mucho!””.

La camisa de la derecha responde. “”Eres una gran compañera. Eres mucho más: eres amiga y eso si que es realmente importante y difícil de conseguir. Cuando dejen de colgarme en el ropero y antes de que sea hecha jirones, podré recordarte como amiga””.

La más joven, se mueve un poco inquieta en la percha.””Si te pones sentimental lo estropeamos todo. Gracias por sentirte amiga. ¿sabes de quién me acuerdo yo con frecuencia, del olor y calor de mi primer amigo. Me entristece pensar en él. Me paseaba por la ciudad con garbo y alegría. Cuando me compró me eligió entre muchas. Durante un tiempo fui su preferida. ¡poco tiempo estuve con él! ¿Te das cuenta de que no podemos hacer cábalas de la duración de nuestra existencia en base a los años?””

“”Es cierto jovencita. El destino nos juega pasadas. Tampoco los hombres saben con seguridad la fecha exacta de su fin. Él también me prefirió entre otras. No tuve celos de ti después. Él era metódico, ordenado y respetuoso y a cada una y en cada momento, nos prestaba la atención que pedíamos. También yo creo oler su perfume y sentir el contacto con su piel.””

La camisa joven añade: “Ves. Tú has empezado en cierto modo lamentándote de tu edad y del tiempo que calculas te resta de vida. Está claro que nosotras, las dos, estamos disfrutando de un tiempo extra, ya que cuando él se marchó, nuestro destino era el abandono o la destrucción y mira ¡dos temporadas casi llevamos vistiendo otro cuerpo y disfrutando de otros paisajes””

“”También lo sé. Vieja pero con memoria. Realmente no nos podemos quejar. Hemos tenido suerte con nuestros dueños. Muy distintos en forma, en años, en pensamientos, en todo, pero los dos, unas bellísimas personas y siendo egoístas añadiré: nos cuidan, no se manchan y se perfuman agradablemente. Cada uno su estilo. Cada uno su momento. ¿Sobreviviremos a ambos?””

“”Chissst, chisst, calla,calla, creo que vienen para llevarnos al armario. Mejor que ella no nos escuche y oiga esta conversación. Con nuestros recuerdos se pondría triste. Ella también recuerda…””

De repente todo está más oscuro. El armario huele a lavanda. Las dos camisas, la joven y la de la temporada anterior se sonríen, se acomodan y encuentran su lugar de amigas apartándose un poco de las otras camisas.

(c)Camyhita, 18 septiembre 2009.fotografía:J.Castellana.

2 de noviembre de 2009

Mujeres con nombre propio.


Eloísa

Hacía más de un año y más de dos y quizá más de cuatro que Eloísa siempre salía a pasear en solitario. Alguna que otra vez con alguna que otra amiga y, de hacerlo con su pareja de toda la vida, su marido, igualmente el paseo era en solitario; él, cuatro pasos delante, ella, cuatro pasos detrás. O sea, salía sola, paseaba en solitario.

Eloísa es una mujer madura. Ha cumplido recientemente 62 años y también ha cumplido, sin celebrarlo, más de 35 años de casada.

Eloísa es una de tantas mujeres de esa edad que no tuvieron una profesión determinada por años de estudio y de realización personal.

Nacida en el seno de una familia normal, trabajadora, sin estrecheces económicas, ella fue al colegio y después aprendió mecanografía y taquigrafía en una academia que pomposamente se anunciaba “Artes y Oficios. Contabilidad. Taquigrafía y Mecanografía. Especialidad: Enseñanza para señoritas”.

A los 17 años empezó a trabajar en unos grandes almacenes de cajera, pero no era el trabajo que ella deseaba y tampoco para el que se había preparado estudiando. En poco tiempo lo abandonó y en casa no le pusieron pegas, entendían que la niña había cursado tres años de estudios en la academia y su futuro estaba mejor en un despacho que no detrás de una caja registradora cobrando.

Después de más de tres intentos en diferentes comercios y oficinas siniestras, parecía que había encontrado su lugar en el despacho de un abogado joven y allí, trabajó mañana y tarde, durante más de quince años. Allí se sentía realizada y allí conoció al que después sería su marido.

Juan era cliente del abogado para el que trabajaba Eloísa. Era un hombre de pueblo y el abogado le llevaba el papeleo de renta en Hacienda y todo lo referido a la Seguridad Social de los obreros que tenía trabajando en su finca.

Eloísa y Juan se casaron a los pocos meses de conocerse; antes del año y se establecieron en la ciudad. Eloísa acompañaba a Juan al pueblo prácticamente todos los fines de semana y durante todas las vacaciones veraniegas. Eloísa estaba feliz en su matrimonio y en su trabajo. Plenamente realizada.

Después de dar a luz el primer hijo Juan y la familia la hicieron comprender la bondad de abandonar el despacho y dedicarse al hogar ¿qué mejor sitio para una mujer joven y con un bebé recién nacido? Además, las tierras de Juan les permitían vivir desahogadamente, y en caso de necesidad, Eloísa podía tener ayuda externa en casa.

El tiempo pasó rápido y veloz, los tres hijos de la pareja se hicieron mayores y buscaron su propio hogar. Eloísa y Juan se quedaron solos en casa, como al principio, pero distinto.

Aproximadamente hace ocho meses o nueve que Eloísa entre semana está sola y relajada. Tiene una vida sencilla sin grandes novedades pero en su rostro y en su forma se le adivina tranquila, segura y feliz.

Invariablemente cada sábado toma el ascensor con una minúscula maleta de fin de semana e invariablemente Juan la está esperando en la puerta de la calle. Felices se besan y una vez en el coche abandonan el barrio con destino desconocido. El domingo por la noche el beso es de despedida, Juan se marcha y Eloísa toma el ascensor que la llevará a su piso y hogar.

Las vecinas de siempre se sienten inquietas e igual que gallinas alteradas en un corral no paran de cacarear de puerta en puerta, de piso en piso, comentando e imaginando ¿el por qué y cómo de estas entradas y salidas de Eloísa y Juan?

La pasada semana, puntual, a lo hora de cada sábado Eloísa maleta en mano, cerró con esmero la puerta de su casa y compartió ascensor igual que otras veces, con una vecina, pero en este sábado que nos ocupa la vecina se atrevió a preguntar

¿Eli, cómo es qué ahora estás siempre con Juan de fin de semana y se os ve tan felices? Eloísa sonriendo abiertamente le dice “No se nos ve, es que somos muy felices estando juntos””¿Entonces, por qué os divorciasteis?

Muy fácil: me harté de lavar calzoncillos.

©Camyhita, 20 de agosto de 2009. Fotografía:J. Castellana

26 de octubre de 2009

Vacaciones



Cuando las cosas se repiten una y otra vez acaban por ser de una monotonía abrumadora; las vacaciones también se retipen año tras año y casi siempre por inercia o necesidad en el mismo mes…

Clara durante este largo descanso estival, ha estado haciendo las mismas cosas que otros veranos pero a la vez se ha buscado variantes distintas.

El sol ha lucido sin tacañería día sí y día también y Clara no ha perdonado ningún baño; se ha sumergido buscando peces nuevos e igual que una niña ha tratado de acariciarlos con la mano. Los momentos silenciosos bajo el agua con el sonido tan sólo de su propia respiración, son recuerdos que almacena para disfrute en los largos meses de invierno. Los paseos bajo el agua de la mano de su pareja descubriendo nuevos colores y nuevas rocas en dónde descansar, han llenado su espíritu y ser, de concordancia con el medio en el que se sumergía.

Clara ha leído con ansiedad. Siempre le ocurre lo mismo, empieza un libro, se mete de lleno en él y se desespera por llegar al final porque siempre tiene otro en espera. Disfruta y mucho de la lectura. Si duda es su mayor placer. Sin leer siempre comenta que no podría vivir. Es un poco hiperactiva y por ello lee con voracidad pero fundiéndose con la historia y, casi, casi, formando parte de ella.

Las escapadas en vacaciones son cortas en su duración, un día, dos…Se empapa de paisaje, de luz, de color y de la gastronomía del lugar. La rigidez de los menús de la ciudad dejan paso a la abundancia de la comida mediterránea y, nuevamente, regreso a la costa.

Siempre olvida el despertador, pero este año, casi a diario a programado la hora para levantarse y cumplir el número de kilómetros establecidos e incluso ir bajando los tiempos . En la Cursa de la dona próxima quiere mejorar su tiempo.

El macizo del Mongrí es inacabable y Clara cada mañana se ha introducido primero por un camino en el bosque; camino y bosque cercano a casa y serpenteado de pinos, olivos y en las orillas del camino matojos gigantes de hinojo, avena loca, jara y otros arbustos y hierbas, para después adentrarse en una carretera muy estrecha y ahora cerrada al tráfico por el riesgo alto de incendios y comienza el recorrido marcado desde un principio y en busca del cruce de carreteras y árbol gigante que le marca el final de la subida y la necesidad de realizar el giro para el regreso.

Cada mañana siente que el árbol gigante está anhelante esperando su llegada, su abrazo y mueve la gran copa despidiéndole hasta la mañana siguiente.

Durante la subida y bajada se reconocen después de tantos días algún que otro grupo, o solitario ciclista, caminantes de todas las edades, corredores preparadísimos con i-pod de música y a la vez contador de pulsaciones, pasos…

Las curvas son cerradas, la subida empinada, los arcenes de la carretera están cubiertos por una capa muy espesa de una pinaza dorada que brilla con descaro cuando el sol descansa en ella y es más marrón cuando la sombra del propio pino la protege. Clara observa esta bella alfombra pero tiene cuidado de no resbalar al pisar sobre ella. Clara sin dejar de escuchar la música que en cierto modo la marca el ritmo, observa infinidad de insectos que recorren en grupo la carretera y que lamenta darse cuenta de que a más de uno lo habrá dejado sin viaje de regreso.

Su mirada se dirige cada mañana al cartel que recuerda el incendio de hace ocho años asoló el lugar y le aparece la imagen de la persona que lo provocó intencionadamente. Ese cartel también le recuerda a Clara que está justo a la mitad del camino de subida.

La ladera de esta parte del bosque ya está generosamente poblada, a pesar de que sus árboles son todavía muy pequeños y en ese tramo, la gorra visera, cumple muy bien la función de resguardarla del sol.

Ayer, se repitieron los saludos con los que subían y bajaban, con los ya conocidos y con los nuevos. En un momento determinado, Clara corría relajadamente y de pronto una mano le palmeó y pellizcó en el trasero. Tres ciclistas silbaron, corearon y rieron ese palmeo, ese pellizco y Clara también, esa mano llevaba una alianza igual a la que ella lleva en su mano izquierda.

©Camyita, 20 de agosto de 2009.Fotografía: J. Castellana

19 de octubre de 2009

Mujeres con nombre propio.


Dalia

Lleva meses intensos de trabajo. Está cansada pero muy feliz. Trabaja muchas horas en el bufete y saca horas de donde no las hay para organizar todo, amueblar el apartamento de la playa y que será su vivienda de casada, pelear con pintores, fontaneros, los del parquet…¡con todos!. Nada la detiene ni por nada se cansa. Todo es poco para que ese día sea su gran día.

Dalia es muy joven, casi una niña. Su pareja y futuro marido también es casi un niño. Han tenido un noviazgo convencional desde adolescentes. Han comido o cenado en casa de los padres de uno y de la otra cada sábado o festivo y su única excepción no convencional, fue irse a vivir al apartamento de uno de los padres en la playa durante un año más o menos.

En apariencia lo tienen todo, guapos, jóvenes, ambos con estudios terminados y trabajando en sus profesiones, ambiente familiar que les apoya y sin problemas. ¡Es casi de obligación el que Dalia se sienta feliz y proyecte su futuro con ilusión y su boda buscando la perfección!. Además se quieren, él y ella, se quieren mucho y tienen muchos proyectos para el futuro.

Naturalmente este trasiego de nervios, de preparativos, de compras, de elección de iglesia, vestuario, invitados, etc. También es compartido por los padres…

Es entonces cuando los intestinos de todo este evento o montaje empiezan a moverse, a engullir, a digerir, a defecar.

“” A la tía Elisa no se la invita. ¿no recuerdas que ella no nos invitó a la boda de la prima?. A Javier ¡ni soñarlo! Hace tiempo que me ve por la calle y me saluda casi por obligación. –Oye si no se invita a mi primo, a tu prima de Albacete, tampoco ¿qué trato tenemos con ella o con su familia?- Los otros son unos envidiosos, los demás allá me caen gordos….”

Y así se va preparando la lista de invitados y se van dado cuenta los unos y los otros, de que hay mucha familia a la cual, o bien no se la quiere nada, o se guardan muchos rencores. Con los amigos no hay problema. Los amigos estarán todos y los compromisos profesionales también. Siempre pueden salir mejores pactos y futuras inversiones. Fulano, mengano y zutano ¡ en primera línea, faltaría más!.

Dalia y su prometido ( también han hecho intercambio de regalos y petición de mano ¡las personas de su clase social no pueden pasar ninguna norma por alto!) siguen ajenos a todos estos tejes y manejes y eligen por separado sus mejores galas para ese día en el que quieren y serán los protagonistas absolutos de la película.

El estómago insaciable sigue devorando invitados, las bilis corroen las entrañas, las frustraciones de años atrás salen a la luz, el revoltijo de intestinos ya es imparable, las descalificaciones saltan a la luz, las tripas suenan y al final defecan y todo huele fatal.

Afortunadamente los adultos que intervienen en estos flujos intestinales tan sucios y mezquinos no comentan en casa, a su propia familia, la turbulencia y suciedad que circula por ese otro estómago de apellidos iguales pero de trato tan desigual. ¡Ya que los mayores son tan mezquinos al menos que los más jóvenes se mantengan limpios.!

Los novios entran en la iglesia emocionados y perfectos. Dalia sonríe a todo el mundo. El futuro está sonriendo abiertamente para ella, para ellos. Se lo merecen.

Todo ha sido perfecto. Ya se han convertido en marido y mujer. Las familias parece que han recobrado la cordura y están presentes y afortunadamente, ambas, han sabido callar sus desavenencias, rencores, envidias y no han dicho nada a los novios, a sus hijos ¡Han sido adultos y elegantes!

….pero ¿qué es eso? ¡horror! Dalia sale de la iglesia tan sonriente como entró, más, en la larga cola de su vestido blanco, se ¿adivina? ¡No!¡se ven unas manchas de mierda!

(c) Camyhita, 13 de agosto de 2009.Fotografía: J. Castellana

12 de octubre de 2009

De nuevo los horarios y la rutina.


El cielo está plomizo. El ambiente caluroso, húmedo y muy pesado. El regreso de las vacaciones tan reciente colabora en que el camino hacia la normalidad se haga más empinado y lento de aceptar.

Esta mañana el medio de transporte ha sido el autobús. Bajo tierra, con esta atmósfera gris, cargada de humedad, se acentúan los calores de los pasillos y los andenes de espera del tren, y terminan convirtiéndose en insoportables..

Por suerte la distancia no es mucha y a veces me permite el ir caminando. Hoy he disfrutado con la arquitectura de la avenida Diagonal, la tranquilidad del tráfico, que imagino que es más escaso por el disfrute de vacaciones de algunos, todavía afortunados y por el mismo motivo, la no masificación de ciclistas, que cada vez más y más circulan con rapidez por su vía y también invadiendo la calzada de los peatones.

Sin necesidad de pensar y siguiendo la costumbre dejo la Diagonal, el autobús, y mis pasos se enfilan con ritmo por la empinada calle de esta parte de la ciudad.

No hay sol, una luz casi de atardecer consigue que los perfiles se acentúen. Hoy no escucho. Esta mañana, observo y miro con mayor precisión con quienes me cruzo.

La rutina del tiempo hace que los extraños con los que comparto acera me sean cercanos. Sus rostros, su figura, su manera de caminar, de vestir, ya me son familiares, pero hoy es distinto, se muestran ante mí con este cielo sin nubes y sin sol, con este ambiente sin aire, con un perfil diferente.

Los adolescentes guapos y guapas de la zona no están. No han empezado las clases y por tanto. ellos, con sus uniformes de colegios caros, sus melenas brillantes, sus cinturones y minifaldas imposibles, algunos con su forma descuidada-estudiada-pija de andares y miradas duras, no entran hoy en mi camino.

Como cada mañana, a la misma altura, me sorprende el gesto adusto de una mujer de mediana edad, vestida con sencillez, cada día con diferente modelo y de confección perfecta, que con su mano derecha sujeta con seguridad las correas de cuatro westeis ( wet higland white terrier). No me parece que sea tierna con ellos y desde luego, por la edad, no creo que sean mascotas de unos hijos pequeños… Hoy, especialmente, siento que los saca a pasear, siempre a la misma hora, con tranquilidad, accediendo a los descansos de sus perros, pero incapaz de jugar, de darles un poco de cariño o hablarles ¡aunque tan solo sea para darles una orden!.

Siguiendo la misma rutina diaria, un poco más adelante, observo al señor japonés, yo creo que jubilado, y al que también le adjudico la convicción de que con su airedale terrier, se siente como con un amigo. No es la primera vez que desearía una vejez así para tantas personas…

Otras mañanas no me había dado cuenta. Hoy, observo que, prácticamente todos los porteros de la zona, son jóvenes y asiáticos, ¿serán suplentes de verano?. Limpian su espacio con esmero.

Me adelantan con rapidez algunas mujeres que por sus ropas, calzado, pelos y formas, no me queda ninguna duda de que van presurosas a limpiar en casa ajena…

Echo de menos a la farmaceútica del barrio que sale del garaje de su casa, despedida por el portero de la finca y sentada en su silla de ruedas eléctrica . Todos los días con sonrisa abierta, saluda a cuantos con ella nos cruzamos. La farmacia está cerrada. No hay duda de que disfruta de un merecido descanso.

Delante de mí, camina una de tantas mujeres prototipos de la zona; mujeres jóvenes de espaldas, de perfil con boca de pato y piel estirada, sin expresión. Hay muchas iguales, a estas horas van a masaje o a reconstruirse.

Es temprano.No la encuentro, pero también comparto estanco con una modelo ya mayor, muy famosa en su juventud, creadora de escuela de modelos y ahora mantiene cuerpo y elegancia pero irreconocible su cara. Recuerdo una fotografía de ella y la veo ahora…. ¿Hasta cuando intentará mantener esta farsa?

Me cruzo con dos personas nuevas en mi memoria y en mi recorrido rutinario de esta calle y a estas horas. Un matrimonio mayor. Calculo que ya han cumplido los setenta y muchos. Él viste correctamente y ella, con unos pantalones de color azul oscuro, de punto de seda y una pata de elefante exagerada pasada de moda. El cinturón blanco también es un despropósito de tamaño. Me pierdo en la parte superior. Me impacta su pelo negro con media melena teñida de azabache. Su delgadez de jovencita anoréxica. Su maquillaje extremado y su mirada perdida.

Me siento aún más agobiada que al salir de casa. Todo es gris y a las personas a las que he mirado, en general no me han agradado.

Diviso el edificio con las tres banderas. Los jardines recién regados y todavía coloreados por diferentes plantas.

Salvo el semáforo y me adentro a la rutina y la primera de cada mañana está ahí esperándome: la máquina de café.

©Camyhita, 3 de septiembre de 2009

5 de octubre de 2009

Mujeres con nombre propio.


Carola

Carola este año 2009 ha cumplido noventa años, hace ya tantos meses que podríamos fijar su edad en noventa y uno. Carola sigue siendo una mujer. La única diferencia que tiene o va a tener con las otras mujeres y con las que se cruza por la calle, es la edad. Ella es la mayor. Ahora siempre ella es la más mayor en todas partes.

Carola hace ya muchos años que para muchas personas se ha convertido en invisible. Si la miran no la ven y la gran mayoría ni la mira, ni la ve.

A sentir esa invisibilidad en los demás ya se ha acostumbrado e incluso a veces ha disfrutado de ese poder suyo, bueno poder que, tarde o temprano alcanza y consigue todo aquel que tiene la suerte de ir cumpliendo años.

Sus facultades físicas en este último año se han ido mermando, parece que al celebrar su nonagésimo cumpleaños las velas se enfadaran por tardar tanto en ser apagadas y al sentir el temor a derretirse, robaron un poco de la fuerza vital de Carola y al cabo de los dos meses sus piernas empezaron a pesar cada una de ellas más que el cuerpo en sí.

Su cerebro ordena cada día a esas pesadas piernas que cargan cada vez con menos peso corporal a seguir andando, a salir cada mañana y realizar el recorrido y por la tarde a fichar la llegada en el puerto de ruta correspondiente.

Sus ojos tan claros y siempre tan bellos han sido también siempre su punto débil; gafas desde siempre y ahora las letras cada vez han de ser más grandes para poder ser descifradas. Ha sido el golpe más duro.¡Ella qué leía hasta los papeles en el suelo!. Acaricia cuando nadie la mira sus libros y recuerda el contenido de cada uno de ellos.

Se niega a que las pocas visitas médicas que recibe vengan a casa. De momento no necesita que venga la montaña…

Carola es una mujer. Una gran mujer. Una mujer muy guapa y recibe coqueta las palabras que le recuerdan lo guapa que es. Luego se mira en el espejo y dice “No sé cómo podéis decir que estoy bien, me miro y no me reconozco”. Entonces enseña las fotografías de color sepia que nos muestran a una mujer de ayer, a una mujer de hoy.

Ahora no es rápida como lo fue. Sus movimientos los realiza todos ella sola y cuando después de horas para el arreglo diario sale del baño, la última mirada es para el espejo y reafirmarse. Soy yo.

Siempre ha sido discreta, reservada, cariñosa, mimosa,y con los años en lugar de disminuir su discreción, su necesidad de dar amor, de ser querida, ha ido en aumento. Sigue siendo una gran enamorada de la vida. Es vital.

Momentos tiene en el que se queda pensando y recordando el pasado muy pasado y el más reciente. No olvida tristezas pero manifiesta mejor los recuerdos más dulces.

Cada día se enfrenta con el que puede ser el último.

Cada día cuando entra la claridad a su habitación se siente alegre y sabe que al menos tiene un día más para dar amor y recibir calor de aquellos pocos que la miran y la ven, habla y le escuchan y a veces dejan que acabe sus frases.

(c)Camyhita, 5 de agosto de 2009.Fotografía: Camy