Soy bella, sentirme hermosa es poco descriptivo. ¡Tú me haces sentirme única!
Tus labios, recorren mis omóplatos; tu lengua, se detiene en el comienzo de mis axilas; tus dientes me acarician a lo largo de toda mi columna vertebral; el vértigo mayor, me lo causa el mordisqueo constante, pequeño, la cálida sensación de tu saliva sobre mis glúteos. No creo poder resistir más este placer. Ahora, sus manos se aferran a mis piernas; me acarician; oigo tu jadeo, percibo tu olor. A veces, tu barba me hace cosquillas en las pantorrillas y sonrío. No veo pero imagino, tu sexo fuerte, inhiesto, desafiante. No creo poder soportar ser tan feliz, ser tan perfecta.
Ahora mis pies están atados por tus manos, encadenados, me has girado suave pero enérgico, sin poder resistir un orden más segura y tajante de tu cuerpo…
¿Por qué he dicho siempre que no soporto que me toquen los pies?¡mentía! Si existe el paraíso, yo estoy en él.
Mis dedos nadan uno por uno en tu boca, se bañan en un mar de caricias y placeres “el cielo del paladar” ahora sé lo que es…no quisiera abandonar nunca esta cueva, esta calidez, este cosquilleo,… quiero que vengas, que entres en mí. Te lo pido. Te lo grito. Te lo ruego, lo necesito ven…
No tienes prisa. Soy una reina. En sentido ascendente, poco a poco, recorres lo que antes en sentido descendente por mi espalda me hiciste gozar. No me hablas, no escuchas mis palabras, mis gemidos, mis ansias, mi felicidad.
Despacio, poco a poco, como un orfebre del barro tu sigues modelando mi cuerpo.
Mis pechos, mis pezones están erizados, tiesos como cualquier parte de vello que tengo en mi cuerpo; además, ahora siento tu miembro rozándome. No puedo aguantar tanta felicidad amor. No se puede conseguir mayor belleza. Dios que maravilla nacer y para poder sentir así…
“Hija de puta deja ya de sonreír y muévete cabrona! Pareces una muerta, Zorra, no pienso darte ni un solo euro…”
¡OH,. Dios! Tengo que vivir…Sí estoy en el camino, rodeada de bolsas de supermercado podridas de comida, de preservativos usados…
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Han pasado dos años, casi tres desde que dejé la autopista, la carretera, los caminos de cualquier bosquecillo.
Me sentí la más afortuna de todo el planeta. Por fin los abrazos, los besos, las caricias, las manos que recorrerían mi cuerpo serían, iban a ser sólo de él.
La pesadilla de las bolsas de plástico, las botellas de agua insuficientes par calmar la sed de muchas horas a pleno sol en verano y a la vez para la más mínima higiene personal se acababan.
Aquella desvencijada silla de plástico, silla que había perdido la estabilidad por haberse roto unos centímetros una de las patas traseras sería finalmente abandonada. Esa silla fue como una coraza durante tres eternos años que estuve atada a ella; desde que me entraron como ilegal prometiéndome un trabajo y realicé el más antiguo de ellos.
Recuerdo como coraza y también con gratitud a aquella desvencijada silla. Soportó muchas horas de espera conmigo y consiguió que mi cuerpo descansara un poco. Mi jefe, mi dueño, mi cautivo, aquel que me trajo desde mi país con engaño, quedándose con todo el dinero que mi pobre familia había conseguido reunir, aquel hombre que me prometió un trabajo en una fábrica, trabajo duro pero bien remunerado y con el que yo, pobre de mí, soñaba con poder traer a mis padres…Ese sinvergüenza desde lejos, no muy lejos, controlaba mi silla, si estaba vacía porque yo trabajaba justo a la entrada del camino, o en el asiento de detrás del coche, y también él vigilaba si estaba demasiado tiempo pegada a mi silla y él me pegaba a mi.
Creí y deseé muchas veces morir, matarme, pero siempre me faltaba la fuerza y la verdad, tampoco tenía los medios para llevar a cabo mi acción.
Había días en que trabajando, como aquel en el que relaté en un principio, soñaba y me olvidaba que estaba cobrando…¡que poco me duraba el sueño! O bien unas voces ásperas y malolientes, otras veces una mano estallando sobre mi cuerpo me devolvía a la realidad.
Llegó él, una vez, dos veces y muchas más. Al cabo de ellas me hablo de amor, de hogar, de retiro. Desconfiaba, ya no disfrutaba en aquel entonces de bondad hacia mis semejantes, pero él se portaba bien conmigo, cada vez que me visitaba su caricias eran menos brutales, menos agresivas, su besos más solicitados y así poco a poco, en dos meses tan sólo me dejé convencer.
A mi dueño le pagó los tres mil euros que restaban y me fui feliz como una joven y casta esposa a mi nuevo hogar.
Una casa muy sencilla con apenas lo necesario. Para mí el mejor palacio. En una habitación minúscula fui mujer, amé y fui amada, acaricié y fui acariciada, sentí que mi cuerpo y alma se elevaban y alcancé un clímax del que estaba segura me estaba prohibido.
Pronto mi hombre fue alejándose de mí. Yo que había practicado el sexo como profesión en los últimos tres años, aunque parezca increíble tenía una gran necesidad de él. Quería sexo porque amaba a mi hombre, a mi salvador, porque para mí, era gratificante darle todo mi amor y recibir de él y así me compensaba de las centenares de veces que mi cuerpo había sido objeto de venta.
Al cabo del año y medio o algo más, no existía relación de amor, ni de casa. Venía a dormir, a veces a comer y en todas ellas venía a reprocharme, a llamarme puta ¿a mí? puta yo que no había conocido hombre hasta que no me forzaron en la carretera, yo que durante todo este tiempo que estoy con él apenas he salido de casa y me esfuerzo en complacerle y amarle.
Hoy, tres años después, me encuentro aquí, dolorida, más que cuando recibía algún golpe trabajando, magullada, con la cara desfigurada, pero sobretodo con el corazón y el alma partida.
Estoy en un hospital. Sola. Sin esperanza. Me deportarán a mi país de nuevo. No tengo papeles. Quienes ahora me rodean lo entienden y comprenden lo difícil que va a ser volver a mi casa, con mis padres, con la cara desfigurada y con un expediente con pocas posibilidades de encontrar un trabajo allí. Un trabajo decente, y eso que ahora, las cosas irán mejor. Han entrado en la comunidad económica europea
Los funcionarios, los médicos, las enfermeras, me comprenden, pero la ley es la ley, no tengo papeles.
©Camyhita,L’Escala 23 /03/ 2008.Fotografía y diseño: J.Castellana.