En aquel momento Claudia estaba enferma. Desde hacía unos cinco días una fuerte gripe se había adueñado de su cuerpo y casi de su espíritu. Tanto antibiótico le mantenían en una especie de letargo con el que apenas era capar de pensar, hablar, moverse. ¡Cinco días y la fiebre no remitía!
Aquella tarde estaba en cama medio aturdida pero decidida a leer. Esto le obligaba al menos a sentarse entre almohadas y olvidar un rato la posición horizontal. Su espalda no podría soportar ya más molestias producidas por la misma postura.
Estaba sola en casa. Los niños en el colegio; el marido en el despacho.
Los ruidos que hacía la señora de la limpieza por la cocina le llegaban amortiguados y lejanos.
Con tenacidad consiguió adentrarse en la trama de la novela e incluso disfrutó de ella.
Pasado un buen rato la señora de la limpieza entró en la habitación y mantuvieron una corta conversación. Sin saber el porqué Claudia miró la mano de su asistenta y en el dedo anular apareció una sortija que ella tenía. No era una sortija de gran valor material pero sí de un valor sentimental muy grande.
Claudia intentanba mantenerse serena, seguir con la charla pero sus ojos no podían apartarse de ese anillo de oro, tan visto y tan vulgar de elefantes unidos entre sí.
Muy lejana oía la voz que le hablaba pero ella pensaba “por favor, por favor, que sea un anillo igual, que no sea el mismo”
Tan pronto se encontró sola voló hacia otra habitación, abrió el joyero y allí estaba su anillo. Sintió remordimiento y dolor por haber desconfiado aunque fuera unos segundos de alguien que nunca le había dado motivos de desconfianza. Se sintió ruin.
Han pasado los días, los meses y hace poco, una tarde como otras, la asistenta limpiando el polvo rompió una cerámica holandesa y al poco rato causó algún otro pequeño estropicio que no es necesario el detallar. Educadamente y a la vez muy apurada pidió perdón “tengo siempre tanto cuidado, me siento abatida”…
Claudia vio en este incidente el perdón por su ruindad. ¡Por el anillo, por su desconfianza! ¡Estamos en paz!, pensó.
“Por favor, olvídelo, no tiene la menor importancia. Hay cosas más importantes y más difíciles de reparar.””
©Camyhita 30/07/ 2008.Fotografía:J.Castellana
28 comentarios:
Sería curioso conocer el pensamiento de la asistenta en ese momento. Posiblemente no hubiera sido muy distinto del de su patrona pero con otro sentido totalmente distinto. Supongo.
Saludos.
A menundo, estamos convecidos de aquello que sin querer fuimos cogiendo de los prejuicios enseñados, de las desconfianzas de otros, de aprender del golpe con la puerta, cuando lo recibimos nosotros mismos......
Besos.....
Pues algopor elestilo me pasó hace años,cuando sospechéque me había robado la chica que limpia mi consulta...
Jamás llegaré a saberlo, pero prefiero pensar que no...
Besicos
Hay que ofrecer siempre el beneficio de la duda...
Besos.
Claro que sí. Dudar de alguien a las primeras de cambio no es bueno. Por suerte, todo quedó en una sospecha. Un beso, Camy.
Actuó la balanza de la vida y se recuperó el equilibrio. Que suerte que Clara no fue impulsiva y no acusó antes de verificar, hubiera sido muy difícil dar marcha atrás.
Besitos,
ese sentimiento de reparar... es el que cuesta más de curar...
dudar es humano...
a veces lo hacemos conscientemente... otras de manera inconsciente...
hacemos preguntas internas externas...
un beso cielo
y un abrazo
Mi profesora de psicología social hablaba de los prejuicios: No, claro, somos tan civilizados, ni racistas, ni clasistas, ni…Claro que no. Pero si ves a un marroquí que viene hacia ti en un barrio del extrarradio te llevas la mano al bolso por instinto. “Por instinto” pensé “Sí, así de animales somos”.
[A pesar de mis problemas informáticos, te leo]
Difícil reparar la desconfianza,¿verdad?
Y es que los prejuicios nos vienen dados sin ni siquiera pedirlos y nuestra humanidad es tan liviana...
Siempre el transfondo de las cosas,Camy...
Besos.
TU MUJER 29 ME RESULTA ANTIPATICA, MUCHO. (YA TOCABA ¿NO?)
BESOS.
Luego de tanta ausencia, hemos vuelto.
No quisimos dejar de visitarte.
Saludos
Interesante compensación la propuesta en este relato.
Volveremos.
Polidori, es posible; cambiando el medio, el lugar, la situación, los personajes posiblemente actuarían del mismo modo; hoy es Clara la desconfiada de la persona que trabaja para ella.
un beso
€_r_i_K, los prejuicios existen por educación o desconocimiento de lo distinto, que al fin y al cabo es lo mismo. Luego está la prepotencia...
Un beso
Belén, siempre faltan cosas en los lugares comunes del trabajo y pocas veces pensamos en la compañera, es más fácil en la de la limpieza...¡y puede ser!.
Un besito
Sofía, Clara ha tenido, tuvo, capacidad para no adelantarse ya pesar de que ya juzgaba esperó...
Un besito
jordicine, en este relato le fue imposible no dudar al ser tan evidente en el dedo "su" anillo, lo pensó y comprobó que no ea exclusivo.
Un beso
Soñadora, (te he leído y has puesto Clara y yo en respuesta a otro comentario también, pero no, es Claudia).
La balanza de la vida se equilibró, tú lo dices y esperemos que no se repitan las sospechas tan infundadas.
Un besito
AlmA:), la asistenta no conocerá nunca la duda que sobre ella ha tenido Claudia, más Claudia siempre tendrá sobre sí el peso de su propia duda y a pesar de querer reparar el error, sabe que el problema está dentro de ella y de su forma de ser.
Un besito
La paciente nº 24,Plenamente de acuerdo con tu profesora. Hasta hace unos años, aquí se decía con la boca grande "no somos racistas", y ¿ahora qué?,ahora tenemos personas de diferentes países y colores y los miedos han crecido y los prejuicios se han manifestado y el racismo ha llegado. ¿sabes quien teme más? los más ignorantes porque tienen miedo de lo desconocido...
Gracias por leerme.
Un besito
Marinel, estás siempre tan en el transfondo de mis cosas que poca respuesta puedo dar a tus comentarios. Afirmar siempre lo que en ellos dices.
Casi podíamos escribir a cuatro manos.
Un besito
Groucho, ¡vale! se acepta. Me pareced perfecto que te caiga antipática pobre,bastante tiene!.
Un beso
Gladys Acha y Sergio Soler,¡ siempre sois bienvenidos!
Me alegra que estéis de nuevo y nos seguimos visitando y comentando ¿de acuerdo?
Besos
Cuando comienza la desconfianza, ya se sabe que muchas cosas se van a romper...
Besos.
Es muy cierto lo que dice Juanjo, cuando surge la desconfianza se recrea la duda y cuando la duda nos invade, nuestra mirada se transforma, pero luego nos damos cuenta que todos somos humanos y nos equivocamos. Es muy hermoso tu relato Camy, y esto pasa tan frecuentemente... me ha gustado mucho, como siempre, nos hace pensar y recordar momentos que a todos nos suceden. Un beso y siempre mi felicitación y mi cariño, Julie
Juanjo, con estas Mujeres empezó a romperse cosas materiales ¿Será casualidad o las rompería aposta?.
Un beso
Julie, a todos nos suceden estos momentos y estas dudas anidan en nuestro corazón en cualquier momento y relación. Una vez dentro o las racionalizas y separas para siempre o de lo contrario la relación del tipo que sea nunca más es igual.
Un besito
Empezó mal...la duda atrajo otra duda. Así puso más vagones en el tren de la desconfianza.
La desconfianza... esa sombra.
Nos sentimos impuros porque desconfiamos, pero desconfiar, dice que nos ayuda a sobrevivir.
No sé, no sé.
Robèrto Loigar gracias por esta primera visita a El Camino y muchas gracias por tu comentario.
Bienvenido y un beso
Elena esa sombra en un momento u otro nos persigue a todos.
Un beso
Raúl, cada día sobrevivimos ¿será por la desconfianza? no sé, no sé.
un beso
Es facil desconfiar, lo dificil es confiar.
Un saludo
bardinda, ¡me alegro de que ayas regresado!
"desconfiaba en volver a verte!
un beso
Es cierto, hay pérdidas irreparables.
Feliz verano, Camy. Un saludo.
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