
Han pasado 365 días, o casi, y yo sigo pensando en tí. Te recuerdo, puedo decir que diariamente y también digo que no quiero olvidarte. Hoy te escribo como otras tantas veces te escribí. Ahora no espero respuesta, pero imagino tu sonrisa al leerme y el brillo de tus ojos. Y así, de esta manera, recordándote, me respondes.
Fuimos amigos desde hacia mucho tiempo. Realmente compartimos AMISTAD durante los dos años o más que duró tu enfermedad. Enfermedad jodida como ninguna, con un principio silenciosa, de muchos años desarrollándose sin ruido y después, cuando aparece, minándote físicamente y manteniendo tu cerebro alerta, como si la puta enfermedad quisiera que estuvieses consciente de ella todo el tiempo, hasta que te venció.
Egoístamente he de agradecerle ¡cómo me atrevo a decir esto!. ¿agradecer a “algo” que te llevó de este mundo?., pero amigo, te descubrí. Nunca pensé que nadie podía ser tan valiente y tú hasta el final fuiste el más valiente de las personas que he conocido.
Cuando salimos de fiesta, de viajes, de cenas, nos reímos, hablamos, nos evadimos, pero no siempre nos conocemos. Somos lo que los demás quieren que seamos. Nos mostramos alegres, simpáticos, ganadores…Cuando supiste que todo esto acababa, te buscaste a ti mismo y los demás también hicimos retrospección de valores y por primera vez nos vimos tal y como éramos y nos buscamos en la Amistad y te admiré y te quise y te comprendí. Ahora te añoro, pero sigues siendo mi amigo.
Estando contigo y al ver la sonrisa y saber el esfuerzo que hacías para recibirnos, para levantarte, para hablar, las lagrimas las guardaba para mi soledad. Ahora te escribo y como no me ves, dejo que corran suavemente por mis mejillas y un suspiro se me escapa de mi garganta. Casi un ahogo.
Ahora amigo, ahora, he abierto una página web y me recrimino el porqué no lo hice antes; durante el tiempo en que pasabas las horas evadiéndote e informándote en la red. Estoy convencida de que me hubieses leído con cariño y me hubieses hecho las críticas reales que hubieses sentido.
Barcelona, la ciudad, colabora en que no te olvide ¡cómo si eso fuese posible!. En la esquina de la avenida de la Diagonal con Paseo de Gracia, cada día, cuando paso, recuerdo aquel paseo y aquel atardecer que vimos juntos y acompañados de nuestras familias; el bar de Rambla de Cataluña en donde nos tomamos una cerveza, esta vez los dos solos, el día que yo no fui a trabajar y te dediqué la mañana, bueno amigo, pues siempre que paso ahí estamos tú y yo sentados, hablando y dejándonos acariciar por el sol de primavera. Cuando leo un nuevo libro nuevo y que me ha gustado mucho, me entristece el pensar que no puedo recomendártelo. Las librerías, tu pasión, también consiguen que tu recuerdo permanezca vivo en mí.
A todo se pone fin en esta vida. Mejor que nadie lo sabes tú. Pongo fin a esta carta que te escribo, ahora que va a hacer 365 días que estoy sin tí, pero no pongo fin a mi recuerdo, tu calma, tu inteligencia, tu generosidad y sobretodo tu sonrisa, estarán siempre conmigo, en mi recuerdo. Te quiero.
©Camyhita,enero 2008.fotografía:J.Castellana Han pasado 365 días más.


