Hoy el corazón le palpita con un ritmo más acelerado que nunca. No hay problema. Está muy sana. Es muy joven. Esta aceleración cardiaca se debe a la lectura ante un muy importante tribunal de su tesis doctoral.
Casi dos centenares de ojos están pendientes de ella. Casi dos centenares de oídos están atentos a sus palabras. Casi dos centenares de ojos están fijos en la pantalla. Casi una veintena de personas están, pero a pesar de escuchar, mirar, no entienden nada. Toda la exposición y preguntas del tribunal, se hacen y se responde en inglés.
Estos, quizá, entre los que no entienden nada, se encuentran los más felices y también se encuentran los más orgullosos y los qué con más afán escuchan y miran: el abuelo y otros familiares y amigos.
Ella mira y a veces consigue ver y distinguir y sonríe gozosa a su abuelo, a él con mayor intensidad y dulzura que al resto de su familia.
Reconoce en el tribunal, al investigador americano (y entre el público a su mujer); jefe en su momento y amigo siempre y recuerda las birras que allí, en América, hace años tomaban a la salida del laboratorio, después de una larga jornada de trabajo y en grupo escuchaban buena música, tanto rock, como heavy.
Llena de ternura escucha la pregunta que le formula, su primera jefa, la persona que más le enseñó en su inicio del doctorado. Una mujer pequeña, diminuta, dedicada a la ciencia y con una capacidad extraordinaria de enseñar y dar a los demás lo que ella sabe.
El científico noruego hace hincapié en determinados conceptos para que quede claro el resultado de los experimentos plasmados, y antes la ha felicitado por los “papers” publicados.
Su tutor, su jefe en estos últimos años, sonríe satisfecho ante la exposición y respuestas. Él sabe que no ha perdido el amor a la ciencia a pesar de las dificultades económicas y que la ilusión se le escapa por el brillo de los ojos.
Y sigue mirando y reconoce a su amiga del alma, amigas desde que eran párvulas, y también hoy está a su lado, y a la otra, a la que conoció el primer día de universidad y su amistad ha ido en aumento.
Distingue a los amigos que han venido de otros lugares de Europa y fuera de Europa para estar con ella en este día.
Sonríe a su hermano, a su pequeño hermano, del que tan lejos ha estado durante años y ahora desde hace unos dos años están tan unidos. Sentirán el vacío de la ausencia el uno del otro. Su complicidad.
Al menos por unos años mucha distancia de ciudades, de países, les separaran. No podrá existir el día a día y las fiestas compartidas de amigos; Gracia, el barrio, quedará lejos.
Todo se borra de su vista, su corazón se calma, sus oídos no escuchan sonido alguno, el aula magna queda a oscuras…
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Tiene 4 años.
La clase es un jolgorio. Niñas y niños hablan y juegan a la vez. Ella, pequeñita, con unos inmensos ojos azules, como el cielo, parlotea sin parar, inventa, cura a su amiga de la alergia, pasándole por la cara una pata de pollo que recogió en el mercado y guarda celosamente en el bolsillo de su bata, -ella es una bruja en potencia-.
Hoy a la hora de la salida hay más alboroto aún. Ha diseñado unas invitaciones y toda la clase espera alborozada para celebrar su cumpleaños. La directora sonríe y comenta que ella también tiene tarjeta… (Faltaban cuatro meses para su onomástica).
En la clase de ballet se siente distinta, es otro mundo y sueña y sus ojos absorben todas las normas que le da la profesora…y el ballet la seguirá siempre.
Y va pasando de clase, de tortugas, de jirafas, de ardillas…
Y los mayores, siempre la misma pregunta ¿Qué te gustaría ser de mayor?
“Bióloga y bailarina de ballet”
©Camyhita, 29 /01/ 2009.Fotografía: J. Castellana