Difuminadas en el tiempo y en el recuerdo le asaltan con relativa frecuencia las imágenes de las que duda de su realidad o ficción.
Un halo de luz las envuelve. Una luz que se desparrama en haces. Una luz atravesada por miles de partículas de polvo. Una luz de un verano muy cálido, muy lejano.
Recuerda o imagina una gran casa en un pueblo. Las horas de la siesta que no respetaba. y el vagar constante por todos los rincones de la casa misteriosa.
Inspecciona en una gran sala los cajones de mesas torneadas en busca de algún tesoro, plumillas, papeles amarillentos, lineados, con letras y otros con números, pero ella, ni recuerda ni sabe qué encierran.
Habitaciones inmensas, con camas muy altas, con cabeceros dorados, repujados, colchas brillantes e inmensos flecos alrededor. Almohadas, dos, tres, cálidas, suaves, receptivas.
Inexistencia de puertas.
Más salas que se comunican, grandes espejos enmarcados en orlas de oro; fotografías de rostros severos. Un reloj en la pared con grandes números romanos y cadenas y péndulos relucientes.
Una mecedora se mueve suavemente. Está vacía pero tiene dueño.
Palabras: sartenes, pucheros, morillos, trébedes, hornillos; palabras, palabras olvidadas…
Por unas escaleras empinadas llega a una buhardilla misteriosa, acumuladora de más y más palabras.
Artesa, artesa, artesa, palabra, nombre, sustantivo, utensilio unido a la vida. Creadora de vida.
Generosamente se abre y en su interior la harina, el agua, la levadura, la fermentación y manos diestras crean el alimento por excelencia, el pan.
La abuela, muy abuela, muy encorvada, muy de negro, ¿real?
El recuerdo está con ella y con una soledad infinita. Está con ella y le explica los utensilios y su uso, ahora en desuso, allí acumulados.
En el centro llena de luz, resplandece la artesa, como un gran sarcófago blanco, impoluto, majestuoso.
La abuela abre la tapa de la artesa. Es una secuencia de una película de suspense tal y como llegan las imágenes y los recuerdos a su mente. Abre la tapa de la artesa y las dos saltan hacia atrás, a la vez que, un grito agudo se escapa de sus gargantas.
Del interior de ese gran vientre generador de vida, de pan, se ha querido escapar algo sin conseguirlo. Está ahí ante sus ojos asustados.
Un ratoncillo diminuto ha sellado con su sangre la gran tapa que cierra la artesa.
©Camyhita, 31/03/ 2009. Fotografía: Internet