20 de julio de 2009

Vacaciones de verano 2009


Esta es mi cuarta aparición en El Camino; rectifico, mi cuarta aparición con voz, mi cuarta aparición en la que tomo la palabra…mi imagen desde hace ¿dos años? aparece con frecuencia en diferentes blogs y sirve de identificación para “esa” que escribe

Esa y yo parece que hemos llegado a un buen entendimiento y a un mayor respeto. En el fondo me siento halagada de que me haya elegido para ser “ella” en El Camino y desde hace tiempo, tampoco me marea y me deja tranquila. En el olvido está el tiempo en el que me llevaba a la playa, me tomaba fotografías en el campo, en el jardín…Reclamé mi derecho a la intimidad y hasta amenacé con posibles denuncias.

Las dos estamos contentas con nosotras mismas y con nuestro Camino, nuestro blog, nuestra imagen, nuestras fotografías y ¡no vamos a cambiar!

Las dos nos vamos de vacaciones a la playa a lucir tipo y las dos regresaremos en septiembre.

Las dos nos despedimos de todos los que visitáis El Camino y os pedimos que en septiembre no nos olvidéis y volváis. Nosotras os lo recordaremos. Llamaremos a vuestras puertas y os diremos: ¡Venid de vez en cuando!¡ El Camino sin vosotros no sería el mismo!

Con mucho cariño. ¡Qué paseéis unas buenas vacaciones y os salgan tan perfectas como hayáis planificado, deseado o soñado!

Un beso muy fuerte y gracias.

©Camyhita, 11 /06/ 2009

9 de julio de 2009

Mujeres, treinta mujeres.


Soy bella, sentirme hermosa es poco descriptivo. ¡Tú me haces sentirme única!

Tus labios, recorren mis omóplatos; tu lengua, se detiene en el comienzo de mis axilas; tus dientes me acarician a lo largo de toda mi columna vertebral; el vértigo mayor, me lo causa el mordisqueo constante, pequeño, la cálida sensación de tu saliva sobre mis glúteos. No creo poder resistir más este placer. Ahora, sus manos se aferran a mis piernas; me acarician; oigo tu jadeo, percibo tu olor. A veces, tu barba me hace cosquillas en las pantorrillas y sonrío. No veo pero imagino, tu sexo fuerte, inhiesto, desafiante. No creo poder soportar ser tan feliz, ser tan perfecta.

Ahora mis pies están atados por tus manos, encadenados, me has girado suave pero enérgico, sin poder resistir un orden más segura y tajante de tu cuerpo…

¿Por qué he dicho siempre que no soporto que me toquen los pies?¡mentía! Si existe el paraíso, yo estoy en él.

Mis dedos nadan uno por uno en tu boca, se bañan en un mar de caricias y placeres “el cielo del paladar” ahora sé lo que es…no quisiera abandonar nunca esta cueva, esta calidez, este cosquilleo,… quiero que vengas, que entres en mí. Te lo pido. Te lo grito. Te lo ruego, lo necesito ven…

No tienes prisa. Soy una reina. En sentido ascendente, poco a poco, recorres lo que antes en sentido descendente por mi espalda me hiciste gozar. No me hablas, no escuchas mis palabras, mis gemidos, mis ansias, mi felicidad.

Despacio, poco a poco, como un orfebre del barro tu sigues modelando mi cuerpo.

Mis pechos, mis pezones están erizados, tiesos como cualquier parte de vello que tengo en mi cuerpo; además, ahora siento tu miembro rozándome. No puedo aguantar tanta felicidad amor. No se puede conseguir mayor belleza. Dios que maravilla nacer y para poder sentir así…

“Hija de puta deja ya de sonreír y muévete cabrona! Pareces una muerta, Zorra, no pienso darte ni un solo euro…”

¡OH,. Dios! Tengo que vivir…Sí estoy en el camino, rodeada de bolsas de supermercado podridas de comida, de preservativos usados…

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Han pasado dos años, casi tres desde que dejé la autopista, la carretera, los caminos de cualquier bosquecillo.

Me sentí la más afortuna de todo el planeta. Por fin los abrazos, los besos, las caricias, las manos que recorrerían mi cuerpo serían, iban a ser sólo de él.

La pesadilla de las bolsas de plástico, las botellas de agua insuficientes par calmar la sed de muchas horas a pleno sol en verano y a la vez para la más mínima higiene personal se acababan.

Aquella desvencijada silla de plástico, silla que había perdido la estabilidad por haberse roto unos centímetros una de las patas traseras sería finalmente abandonada. Esa silla fue como una coraza durante tres eternos años que estuve atada a ella; desde que me entraron como ilegal prometiéndome un trabajo y realicé el más antiguo de ellos.

Recuerdo como coraza y también con gratitud a aquella desvencijada silla. Soportó muchas horas de espera conmigo y consiguió que mi cuerpo descansara un poco. Mi jefe, mi dueño, mi cautivo, aquel que me trajo desde mi país con engaño, quedándose con todo el dinero que mi pobre familia había conseguido reunir, aquel hombre que me prometió un trabajo en una fábrica, trabajo duro pero bien remunerado y con el que yo, pobre de mí, soñaba con poder traer a mis padres…Ese sinvergüenza desde lejos, no muy lejos, controlaba mi silla, si estaba vacía porque yo trabajaba justo a la entrada del camino, o en el asiento de detrás del coche, y también él vigilaba si estaba demasiado tiempo pegada a mi silla y él me pegaba a mi.

Creí y deseé muchas veces morir, matarme, pero siempre me faltaba la fuerza y la verdad, tampoco tenía los medios para llevar a cabo mi acción.

Había días en que trabajando, como aquel en el que relaté en un principio, soñaba y me olvidaba que estaba cobrando…¡que poco me duraba el sueño! O bien unas voces ásperas y malolientes, otras veces una mano estallando sobre mi cuerpo me devolvía a la realidad.

Llegó él, una vez, dos veces y muchas más. Al cabo de ellas me hablo de amor, de hogar, de retiro. Desconfiaba, ya no disfrutaba en aquel entonces de bondad hacia mis semejantes, pero él se portaba bien conmigo, cada vez que me visitaba su caricias eran menos brutales, menos agresivas, su besos más solicitados y así poco a poco, en dos meses tan sólo me dejé convencer.

A mi dueño le pagó los tres mil euros que restaban y me fui feliz como una joven y casta esposa a mi nuevo hogar.

Una casa muy sencilla con apenas lo necesario. Para mí el mejor palacio. En una habitación minúscula fui mujer, amé y fui amada, acaricié y fui acariciada, sentí que mi cuerpo y alma se elevaban y alcancé un clímax del que estaba segura me estaba prohibido.

Pronto mi hombre fue alejándose de mí. Yo que había practicado el sexo como profesión en los últimos tres años, aunque parezca increíble tenía una gran necesidad de él. Quería sexo porque amaba a mi hombre, a mi salvador, porque para mí, era gratificante darle todo mi amor y recibir de él y así me compensaba de las centenares de veces que mi cuerpo había sido objeto de venta.

Al cabo del año y medio o algo más, no existía relación de amor, ni de casa. Venía a dormir, a veces a comer y en todas ellas venía a reprocharme, a llamarme puta ¿a mí? puta yo que no había conocido hombre hasta que no me forzaron en la carretera, yo que durante todo este tiempo que estoy con él apenas he salido de casa y me esfuerzo en complacerle y amarle.

Hoy, tres años después, me encuentro aquí, dolorida, más que cuando recibía algún golpe trabajando, magullada, con la cara desfigurada, pero sobretodo con el corazón y el alma partida.

Estoy en un hospital. Sola. Sin esperanza. Me deportarán a mi país de nuevo. No tengo papeles. Quienes ahora me rodean lo entienden y comprenden lo difícil que va a ser volver a mi casa, con mis padres, con la cara desfigurada y con un expediente con pocas posibilidades de encontrar un trabajo allí. Un trabajo decente, y eso que ahora, las cosas irán mejor. Han entrado en la comunidad económica europea

Los funcionarios, los médicos, las enfermeras, me comprenden, pero la ley es la ley, no tengo papeles.

©Camyhita,L’Escala 23 /03/ 2008.Fotografía y diseño: J.Castellana.

2 de julio de 2009

Mujeres, veintinueve.


En aquel momento Claudia estaba enferma. Desde hacía unos cinco días una fuerte gripe se había adueñado de su cuerpo y casi de su espíritu. Tanto antibiótico le mantenían en una especie de letargo con el que apenas era capar de pensar, hablar, moverse. ¡Cinco días y la fiebre no remitía!

Aquella tarde estaba en cama medio aturdida pero decidida a leer. Esto le obligaba al menos a sentarse entre almohadas y olvidar un rato la posición horizontal. Su espalda no podría soportar ya más molestias producidas por la misma postura.

Estaba sola en casa. Los niños en el colegio; el marido en el despacho.

Los ruidos que hacía la señora de la limpieza por la cocina le llegaban amortiguados y lejanos.

Con tenacidad consiguió adentrarse en la trama de la novela e incluso disfrutó de ella.

Pasado un buen rato la señora de la limpieza entró en la habitación y mantuvieron una corta conversación. Sin saber el porqué Claudia miró la mano de su asistenta y en el dedo anular apareció una sortija que ella tenía. No era una sortija de gran valor material pero sí de un valor sentimental muy grande.

Claudia intentanba mantenerse serena, seguir con la charla pero sus ojos no podían apartarse de ese anillo de oro, tan visto y tan vulgar de elefantes unidos entre sí.

Muy lejana oía la voz que le hablaba pero ella pensaba “por favor, por favor, que sea un anillo igual, que no sea el mismo”

Tan pronto se encontró sola voló hacia otra habitación, abrió el joyero y allí estaba su anillo. Sintió remordimiento y dolor por haber desconfiado aunque fuera unos segundos de alguien que nunca le había dado motivos de desconfianza. Se sintió ruin.

Han pasado los días, los meses y hace poco, una tarde como otras, la asistenta limpiando el polvo rompió una cerámica holandesa y al poco rato causó algún otro pequeño estropicio que no es necesario el detallar. Educadamente y a la vez muy apurada pidió perdón “tengo siempre tanto cuidado, me siento abatida”…

Claudia vio en este incidente el perdón por su ruindad. ¡Por el anillo, por su desconfianza! ¡Estamos en paz!, pensó.

“Por favor, olvídelo, no tiene la menor importancia. Hay cosas más importantes y más difíciles de reparar.””

©Camyhita 30/07/ 2008.Fotografía:J.Castellana