
Suena el despertador. Siempre a la misma hora de lunes a viernes. Virginia rauda se levanta de la cama y corre como cada día al baño, después sus pasos se dirigen a la cocina: un café con leche hirviendo y vuelta al cuarto de baño para una ducha reparadora.
Con los años Virginia ha adquirido una serie de vicios, de costumbres, que metódicamente repite: agua caliente, primero enjabonar cabeza, después cuerpo, frote más intenso en axilas y pubis, aclarar toda la espuma del cuerpo y por último la cabeza. Es generosa o derrochadora con el agua, pero el cabello ha de estar perfectamente limpio de champú. Un buen chorro de agua fría la despierta totalmente y la prepara para una larga jornada.
La boca del metro la recibe abierta y sonriente. Virginia se muestra a ella, arreglada, impecable, cada día con un atuendo distinto y con el mismo perfume.
Introduce la tarjeta multiviaje siempre en la misma puerta, -otra de sus manías-. Bajando las escaleras deprisa percibe cómo su sangre vuela veloz por todo su cuerpo.
Sonríe, el próximo tren llega en apenas treinta segundos. Tiene tiempo suficiente para llegar al final del andén y colocarse en la última puerta del vagón. El trayecto es corto pero suficiente para leer una o dos páginas del libro que le acompaña. Una mirada general sirve para saludar a sus compañeros de viaje; compañeros de distintas nacionalidades, rasgos, color, vestidos diferentes; jóvenes, adultos, niños, todos forman parte de un mundo real y cotidiano.
Virginia se introduce aún más en el mundo subterráneo que cada día contempla y cada día la sorprende. La vida vibra bajo el asfalto de la ciudad. Ella se siente parte de ese todo y se confiesa feliz de pertenecer a este grupo que corre con urgencia a su lugar de trabajo.
La adolescente con unos cuantos quilos de más no puede evitar detenerse en la tienda de chuches. Virginia la descubrió una mañana cuando la joven con una bolsa demasiado grande de plástico elegía con deleite caramelos de diferentes formas y colores. ¿Cómo ayudarle?-pensó-. Las manecillas del reloj la indican el paso de los minutos y apresura sus pasos hacia el nuevo andén en dónde hará el transbordo…
Un río humano la empuja hacia la entrada del tren. Virginia tiene suerte, cualquier línea tiene parada en su destino.
Los empleados, los mismos desde hace meses, la saludan a ella y a tantos otros que a la misma hora están en esa estación.
Escucha las conversaciones alegres, despreocupadas, coquetas a veces, de los adolescentes universitarios. Intenta descubrir lo que dicen las mujeres filipinas que se dirigen a las casas en las que limpian, pero sólo consigue descubrir o entender los números y algún día de la semana. Ahora sabe que en tagalo la numeración es igual a la nuestra.
El grajeo dulce y mimoso de otras voces femeninas la llevan a mirar a un grupo de tres colombianas que repetidamente se quejan del trato y poco dinero que les pagan por su trabajo. Y así cada día.
Intenta salir a la superficie y la cortan el paso tres niños de cabellos rizados y ojos azules que acompañados de la hermana mayor van al colegio de la zona más alta de la ciudad. ¿Dónde están los niños de pelo negro y ojos oscuros? Todos parecen nórdicos…
Virginia sale a la calle. Unas lágrimas resbalan con lentitud por sus mejillas. Hoy es su último día de trabajo. Se jubila. La jubilan. Virginia presiente que una vez que la separen de este mar de vida, ella dejará de existir. El viaje diario en metro la hace sentir que forma parte de un mundo activo y distinto…
Su tarjeta multiviajes ha quedado “agotada”
(c)Camyhita, abril 2010.fotografía. Cristián Castellana
33 comentarios:
Un relato éste de la Primavera Cultural TMB, por tanto el transporte es protagonista.
Dedicado a Rosa que pronto se va.
Júbilación viene de jubilo.
Júbilo s. m. Alegría grande que se manifiesta exteriormente, con gestos...
Pues vale...
Un beso.
Triste realidad: Mientras se retrasa la jubilación obligatoria millones de personas sufren porque no están preparadas para romper con toda una vida de "rutinas" e iniciar nueva vida de ocio y tiempo libre.
Un abrazo.
Yo, que vivo en un pueblo donde todo es superficie, me pierdo ese mundo rico y diverso del subway...Infinitas historias circulan cada día por esas venas de la ciudad...Cuando tuve ocasión, pude comprobar cómo tanta gentes pasan tanto tiempo en ese mundo, pero ¿cómo les afecta eso en su vida? De todas formas, me sentí extraño, la gente se aísla demasiado...al menos, en Madrid y Barcelona.
Ah, y la jubilación, que es otro mundo, no sé si de superficie o de submundo.
Un abrazo
La verdad es que si empiezas los días así, no tiene que salir nada mal...
Besicos
Groucho, pues mira en la variedad está el gusto y a esta mujer la horroriza el perder la rutina del trabajo.
un beso
Javier, sí es cierto, se lucha por la no prolongación de los años en activo, o lo que es lo mismo que no toquen la edad de jubilación, pero hay trabajos y trabajos, y en algunos, se puede estar en activo sin problemas- si no existen físicos-más tiempo. Esta mujer así lo querría.
Un beso
Mateo, no son comparables una vida en un pueblo tranquilo o ciudad pequeña con una grande, pero en el fondo, creeme, la rutina lo puebla todo y mira Virginia en el metro conoce y saluda a la gente que cada día se cruza con ella,igual que en un barrio.
Un beso
Belén, Virginia empieza con buen pie pero se le ha acabado la tarjeta del metro, ...mejor se la han anulado
Un beso
Virginia es afortunada porque con el carné de jubilada le darán un pase gratuito y podrá ir en el TMB donde, cuanto y como quiera y tiempo no le faltará para poder disfrutar del paisaje humano.
Besos.
¡Qué bueno buscar la poesía y la belleza en la vida cotidiana, en el transporte en metro! Según yo pienso, esa es la base de la mejor literatura
A todo nos acostumbramos y vamos creando nuestras rutinas. Es duro llegar a un cambio de étapa, más si esto es forzado, esperemos que encuentre alguna actividad que la compense y la distraiga.
Besitos,
Es bueno hacer cosas que cambien nuestra rutina diaria, como coger un camino en lugar de otro, o desayunar algo diferente, si no vamos como autómatas, es bueno sorprendernos a nosotros mismos de vez en cuando.
Ahora que se jubila Virginia puede empezar una nueva vida para ella, crearse nuevas rutinas (que romper de vez en cuando), como hacer deporte por la mañana, hacer un curso de cocina o de fotografía o de algo que le interese, hacer eso que siempre quiso hacer y nunca tuvo tiempo para hacerlo. Leer, ir al cine, pasear, viajar, escribir,...
Besos.
Magnífico trabajo, Camy. Yo diría perfecto, me ha encantado tanto la forma como el fondo. Y siempre el perfecto final. Creo que has madurado tanto en la escritura que es un disfrute, siempre lo fue, pero ahora más. Te felicito porque esta historia es magistral. Es lo que opino. Tu personaje, seguirá siendo una mujer positiva, activa, segura y sobre todo observadora. Te sugiero un seguimiento, un segundo capítulo. Muy muy bueno.
Besos.
Hola Camy:
Comprendo y desconfío al mismo tiempo de las personas que viven la jubilación como que se les ha agotado el ticket. Las comprendo porque parece que ya no son consideradas útiles y desconfío porque hay que tener una vida a la que puede volverse plenamente cuando uno se jubila. La vida no puede ser únicamente el trabajo.
Pero seguro que Virginia sólo he echado unas lagrimitas antes de esbozar una sonrisa ¿a que sí?
Un beso.
Josep me parece que Virginia no quiere viajar gratis y prefiere que no aparezca en su tarjeta la coletilla agotada.
Un beso
Miguel, gracias por tus palabras. La vida cotidiana está llena de historias y realidades y por tanto hemos de prestarla atención.
Un beso
Soñadora, es cierto que vivimos constantemente en una rutina y el trabajo lo es y Virginia quiere mantener esa rutina y no buscarse otra, o a lo mejor ya tiene otras...un besito
Sonia es difícil elegir para los demás.Virginia no quiere que la manden a casa y llenarse de otras obligaciones, posiblemente como he dicho ella compagine actividades lúdicas...
un besito
Julie no puedo más que darte las gracias y añadir que la amistad te ciega un poco...no creo que merezca tales comentarios, pero siempre me gustan.
También añado no sé si tendrá continuación, pero a lo mejor algún día la encontramos de nuevo viajando en metro.
Un besito
Jospe Julián, de entrada comenté que era un trabajo para el TMB por tanto tenía que indica la tarjeta agotada de Virginia.
La lagrimita se ha escapado y a lo mejor la sonrisa.No sé.
Un beso
¿Y no se dio cuenta? Cuando se sale -de ese mar- a la superficie... respiras.
[Gracias]
Quiere salir a la superficie paciente pero sin dejar de nadar en ese río subteráneo lleno de vida y del que forma parte.
Un besito y de nada.
Muy buen final, CAMY. Tarjeta "agotada". En cosas me siento próximo a Virginia. Yo casi siempre hago las cosas de la misma manera. Me gusta la rutina. Un beso.
Bonito relato, escribes muy bien.
es un grato placer leerte.
Que disfrutes el fin de semana.
un abrazo.
Todavía me quedan unos cuantos años por delante para llegar a ella y me gustaría llegar y seguir con ganas de hacer otras cosas que ahora la falta de tiempo no me permite.
Un saludo
Jordicine,en el fondo todos tenemos rutinas y creo que no son malas, nos conducen más calmados por lo difícil del camino.
Un beso
Ricardo Miñana gracias y es un placer contar con tu visita.
Un beso
bardinda, seguro que llegarás con ganas de hacer muchas cosas e incluso que nos las cuentes en tu blog.
Gracias por leerme. Un beso
No, nunca se deja de existir del todo...
Saludos!
Hola Hiperión ¡afortunadamente!
Un beso
ohhh!!!! Yo le inventaré otro final a Rosa... Su vida puede tomar nuevos y vibrantes matices (ya me la imaginaré haciendo algunas locuras con vejetes como ella, o más jóvenes de piel canelita ajajajaj)
Excelente post, pero yo quiero pensar que el cierre de un círculo conduce a cosas mejores.
Lila,apuesto que si lo hace lo hará con jovenes de piel canelita, jejeje, que siempre el intercambio cultural y racial enriquece.
Besitos
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