Un sol de primavera inundaba de luz la habitación. Los grandes ventanales de toda la casa, libres de cortinajes, dejaban entrar los generosos rayos del sol que, a esa hora cercana al mediodía, repartían mucha luz y un tibio calor.
Recuerdo perfectamente que era un sábado del mes de abril. Dentro de la vivienda se podía escuchar la emisora musical que con elevada potencia, tenía puesta el vecino de al lado.
Desde el mismo recibidor pude ver dos habitaciones-después supe que eran de los hijos- que mantenían el desorden propio de adolescentes, pensé,” podría ser la de mi hija Ana”. En una de ellas, sobre una gran mesa, parpadeaba la pantalla del ordenador. O bien, habría madrugado o bien, se había quedado encendida toda la noche. ¡Estos chicos, siempre están ante el ordenador hasta altas horas de la madrugada!
El salón, por el contrario, se encontraba en perfecto orden. Un gran sofá con forma de ele, muy de moda hace una década, ocupaba prácticamente todo el espacio. Los seis u ocho cojines de diversos colores, descansaban cuidadosamente en el asiento y respaldo; la gran mesa de cristal, sostenía en perfecto equilibro montones de dominicales de el País; una bombonera de cristal, cerrada y sin gota de polvo; una caja china y diversos ceniceros impolutos, llenaban esa mesa, en exceso grande y cargada de cachivaches.
La televisión estaba apagada. El equipo de música que descuidadamente toqué, desprendía calor, por lo que deduje que, en momentos anteriores a mi llegada, había estado encendido.
Vi sobre la mesa restos de pan tostado y olvidado un vaso con señales de haber tenido zumo de naranja. – Desayuno festivo y calmado han tenido-me dije- tostadas, mermeladas, zumos y sentados, todo lo contrario de un día cualquiera que volando nos tomamos el café con leche.
Acompañada por el dueño y una hija de 16 años, más o menos, recorrimos todas las habitaciones de la vivienda. Cocina sin recoger, baños con duchas recién usadas.
La habitación de matrimonio con la cama abierta pero con sábanas limpias, hecha y deshecha a la vez.
La habitación de matrimonio con la cama abierta pero con sábanas limpias, hecha y deshecha a la vez.
Me dolió escucharme diciendo “queda usted detenido por el asesinato de su esposa,etc,etc…”
Al ver la cara de sus hijos pensé en los propios, no lo puedo remediar, con frecuencia, y en casos así, me confieso blanda.
Por muchos años que lleve en el cuerpo, no puedo dejar de sorprenderme por asesinatos sin razón, y éste, es uno de los más tontos, ya se lo expliqué con la mayor delicadeza que supe a los hijos: Vuestro padre, ha matado a vuestra madre, porque ella, le recriminó que después de casi treinta años, él, no hubiese aprendido que las sábanas de rayas han de ir en sentido horizontal...
©Camyhita, enero 2012.Fotografía: Blimunda
28 comentarios:
A rayas, me he quedado yo....
¡¡¡Que imaginación!!!
Y ella ¿por qué sabía lo de las sábanas?
"Aquí hay gato encerrado" :)
Un beso.
Estructuralmente, un magnífico relato.
Sábado sangriento. Sí.
Por alguna inconsciente razón, ninguna de mis sábanas es a rayas. Ahora empiezo a comprender...
De nuevo por tu casa, disfrutando de tus cosillas. Siempre un placer.
Saludos y un abrazo.
Groucho, lo de ¡qué imaginación! me lo tomo a bien....
un beso
Javier, lo sabía porque ella es inspectora de policía...
un beso
Raúl, ¡me ha hecho gracia ver la coincidencia!
un beso
Juanjo, ¡ya sabes, mantén despierto el inconsciente o puedes envuelto en un crimen futuro!
un beso
La Sonrisa de Hiperión, deseo que no te canses de venir...
Un beso
Besos, pues sí, podemos vivir sin escribir, pero no sin leer....
Abrazosss....
Es increíble pero cierto, así va la vida hoy en día en muchos hogares.
Camy, a mí, lo que me encanta de este relato es cómo evoluciona desde la descripción del principio, sosegada, plácida, en la que uno puede casi sentir los rayos de ese sol de mediodía, hasta el final, hay un ritmo sosegado en la forma, pero de tensión en el fondo, que como lectora comencé a percibir al llegar a esa bommbonera, impoluta, libre de polvo. Luego, con lo del desayuno, recibí la imagen de un matrimonio frente a frente, hastiado, de desayunos largos con sus respectivos periódicos como barrera infranqueable, plenos de incomunicación y aislamiento...cada uno con sus manías y sus ritmos imposibles de acoplar; incluso en la explicación de la inspectora, que intenta ser dulce, flota la tensión, la acidez de otra mujer, que no entiende esta manera de poner fin a una vida que transcurrió bajo una triple esclavitud: ese marido inútil y acomplejado, esos hijos que probablemente no fueron sino cómodos huéspedes, y la propia esclavitud: aquella manía del orden que le hacía sentir de alguna manera, que ella podía decidir sobre algo...
Por Dios, Camy, disculpa esto tan largo, pero es que este relato ¡está tan bien hecho y da para tanto...!
Abrazote cálido
€-R-I-k, toda una sorpresa después de algún que otro año...
un beso
David C., sí,hemos de seguir siendo optimistas y pensar que abundan los hogares felices ¿ o no?
Unb eso
Margarita, a mí, me encantan tus comentarios, hacen que intercambiemos impresiones, que conozca la interpretación de la lectura que se hace de lo que escribo, e incluso de aquellas cosas que no relato porque trato de no alargar lo que cuento.
Muchas gracias por tu participación tan expresiva.
Un beso
holas como estas
lindo e interesant blog che
bueno che te dejo
nos vemos suerte
chau!!!!!!!!!!
Bueno, yo le habría dicho "vuestro padre ha matado a vuestra madre, presuntamente...". No nos olvidemos de la presunción de inocencia, jeje.
Menos mal que los reos ya no llevan traje a rayas, jeje.
Besos.
Hola que tal..
después de unos meses obcecados
vuelvo a tomar las riendas
de mi Caja De Zapatos..
he vuelto con una nueva nota llamada “Secándonos” te invito a que sigas leyendo.. un abrazo fuerte!!!
Brutal, CAMY! Cada vez estás más 'negra'. Me gusta. Un beso y hasta pronto.
eze franco, gracias por tu comentario y visita
sonia, gracias por tus palabras y sonrisa.
Un beso
Allek, gracias, volveré a tu blog.
Jordi, ¡son temporadas! también a mi me está gustando...
un beso
Te seguí en otra vida bloguera. Ahora vuelvo a volver a disfrutar de tus relatos.
Voy a ponerme al día.
Te sigo con tu permiso.
Abrazos.
Juan, te recibo encantada en ésta nueva vida bloguera.
Un beso
Si después de 30 años este tonto aún no entendía lo de las rayas, ella debió matarle a él y no al contrario, vaya hombres!!
Lila, pienso igual, pero mira, murió ella...
un besito
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